domingo, 4 de febrero de 2018

El hotel de insectos de mi jardín.


En los últimos años estamos asistiendo a un curioso auge de los llamados “Hoteles de Insectos” instalados en parques, jardines y centros de educación ambiental. Creo que parte de ese éxito es más debido al agradable diseño tipo casa de muñecas que tienen muchos de ellos, más que a la verdadera preocupación por proporcionar refugio a los bichos, pero por  una u otra razón ¡bienvenidos sean! No hay más que poner “hotel de insectos” en Google para ver verdaderas preciosidades que se pueden poner en el jardín, incluso algunas ya se venden en comercios de jardinería y mascotas.
En Pozuelo de Alarcón, Madrid, por ejemplo, hay uno que se postula como record Guinnes al hotel de insectos más grande del mundo. Aparte de modas y llamadas de atención, no hay que dudar de que se trata de un fenómeno de educación ambiental y conservación de primer orden y las actividades del Aula de Educación Ambiental de Pozuelo son una buena muestra de ello.

Hotel de insectos de mi jardín, hecho con maderas recicladas y tejas de derribo.

Desde luego, construir un refugio para insectos y otros bichos en un jardín es un sencillo trabajo de bricolaje y puede adaptarse a los gustos de cada cual con unas sencillas premisas. Ahora bien, hay que tener en cuenta que los insectos más beneficiados van a ser abejas y avispas, si bien la mayoría de ellas sin aguijón o que difícilmente nos picarán, si se teme a esos himenópteros, más vale dejarlo.

En casa hace ya casi tres años que puse un pequeña instalación, aunque he tenido algunas satisfacciones por los animales que han acudido, tengo que reconocer que es un ejercicio de paciencia, como suele ocurrir con todo lo relacionado con la observación de la naturaleza y, más aún, cuando queremos que un poco de vida silvestre se instale en nuestra casa y jardín.

Troncos con taladros de diferentes grosores, algunos ocupados y tapados ya por las abejas.

Troncos cortados con taladros de distintos diámetros, ladrillos, pajitas, piñas, troncos putrefactos, cortezas y montones de materiales naturales pueden instalarse en las estanterías que componen estas casas para insectos. Algunos serán utilizados y otros no. Unos valdrán de refugio momentáneo y otros como residencia de cría, territorio de caza o simplemente posadero.
Y no solo serán insectos, salamanquesas y lagartijas acertarán a pasar por allí e incluso, si son lo bastante grandes, hasta murciélagos y pajarillos. En mi jardín fueron Podarcis guadarramae y Tarentola mauritanica las que no dejaron de acudir. La salamanquesa se instaló detrás del hotel, entre este y el muro donde está colgado y muchos días la veía asomarse a tomar el sol y esconderse rápidamente cuando me acercaba.

Abeja Osmia cornuta en el momento de entrar en el tronco taladrado.

Los primeros insectos en llegar a mi hotel fueron las abejas Osmia cornuta, viejas conocidas en casa, que ya habían criado, sin yo proponérmelo, en los canales de un metacrilato y en los orificios y surcos de unas sillas de la terraza. Bien pronto pude observar las idas y venidas de estas laboriosas abejas y deducir, como había visto gracias a la transparencia del metacrilato, que estaban acarreando barro para crear las celdillas y polen para rellenarlas antes de poner el huevo y sellarlas definitivamente.

El mismo agujero de la foto anterior ya taponado. En su interior se alimentarán las larvas del polen almacenado por su madre. Y dormirán en estado de pupa hasta la primavera siguiente. 

Pero tras Osmia cornuta también llegaron las avispas parásitas, preciosas Leucospis dorsigera, que yo no había conocido hasta entonces. Me temía lo que estaban intentando al andar y revolotear alrededor de los orificios ya sellados. La identificación de Ana Cobo, experta de Biodiversidad Virtual, me lo terminó de confirmar. Cuando pude observar como extendía el largo ovopositor y con él tanteaba la madera por los bordes de la tapa de barro puesta en el agujero me convencí de que estaba parasitando los nidos de Osmia. A la siguiente primavera, es de suponer que la nueva avispa criada en el interior del tronco a costa de la larva de Osmia voló libre, ya que el tapón de barro apareció perforado, pero no con el diámetro necesario para salir la Osmia, sino más pequeño, solo adecuado para la Leucospis.

Avispa parásita Leucospis dorsigera, en la segunda foto la punta de la flecha señala en extremo del ovopositor con el que está tanteando la madera para introducir su huevo en el interior del nido de Osmia.

Algunas otras avispillas de menor tamaño entraron y salieron de los orificios más pequeños de los troncos, pero no conseguí hacerles fotos de tan inquietas que eran. Algunos de esos agujeros están ahora obstruidos aparentemente por serrín o palitos, pero tampoco he podido identificar a los autores de ese trabajo, si son o no las mismas avispas que alguna vez vi entrar en ellos.


Como me quedaba con la intriga de qué es lo que pasaba allí, dentro de los nidos, y las fotos del metacrilato que hace años puse en el blog (ver este enlace) no tienen demasiada calidad, en 2017 se me ocurrió fabricarme un sistema con el que, mediante un cristal, pudiese cotillear lo más íntimo de esos nidos. 

Nuevamente Osmia fue la primera especie en intentar la colonización, incluso hubo alguna que pasó en su interior muchos días, pero nunca llegaron a hacer el nido que yo conocía, se fueron y no volvieron más. Bueno sí, a los troncos de antes que aún tenían huecos vacíos. Creo que el problema para estas gorditas abejas es que los canales son demasiado estrechos y prácticamente no pueden darse la vuelta allí dentro. En los nidos del metacrilato sí lo podían hacer con comodidad.
Una de las dos Osmia cornuta que pasaron un tiempo en los canales de madera sin decidirse a anidar.

Canales en la madera cubiertos por el cristal. Se puede apreciar en algunos de ellos los intentos de nidificación de las avispas Ancistrocerus longispinosus. 

Hotel en primavera con el suplemento de habitaciones en el lateral izquierdo y las ramas de hiedra y Crecis invadiendo el lado derecho.
A la que sí pareció convencerles fue a las esbeltas avispas alfareras, Ancistrocerus longispinosus, que en primavera metieron barro y creo que hicieron algún nido, aunque no estoy seguro porque me quedé con las ganas de verlas introducir las orugas y larvas que usan para alimentar a sus larvas y además me parecen demasiado pequeños.

Avispa alfarera, Ancistrocerus longispinosus, rellenando de barro el canal bajo el cristal.
Ahora en invierno, hay un par de ejemplares adultos que están invernando y, cuando retiro la lámina de plástico para ver el interior de los canales las veo, molestas por la irrupción de la luz, haciendo pequeños movimientos incluso a temperaturas cercanas a los 0ºC.

Avispa alfarera, Ancistrocerus longispinosus, pasando el invierno en el interior de uno de los canales. Ninguna de las dos que se han alojado en el hotel coincide en su habitación con los otros "nidos" que formaron en primavera.
Si bien las abejas y avispas que he mostrado son las que con seguridad han habitado y criado en el hotel, como decía al principio, hay otros animales que pasaron por allí con mayor o menor fortuna. Imposible saber, por ejemplo, los que han podido refugiarse o criar, si es que lo han hecho, entre la mezcolanza de palitos, tierra, cortezas, hojas y troncos putrefactos que hay en los pisos inferiores, Sí he visto alguna que otra mosca y durante un tiempo una araña tejió su tela justo delante, aunque nunca vi ninguna presa en ella. Lamentablemente desapareció antes de que pudiese fotografiarla e identificarla, 
Una tijereta pasó unos días en uno de los canales, sin llegar a instalarse, supongo que por falta de alimento, pero estoy casi seguro de que sí lo hizo en esos pisos de abajo, pues se dan sus requerimientos de acumulación de materia orgánica.

Tijereta, Forficula auricularia, inspeccionando uno de los canales en la madera... ¡Demasiado limpio para su gusto!
En un par de ocasiones también he visto ejemplares de las curiosas moscas serpiente, del orden Raphidioptera, que no he podido identificar a nivel de especie. Son insectos primitivos, emparentados con los neurópteros y no con los dípteros. Larvas y adultos son carnívoros y crían bajo las cortezas de los árboles No es de extrañar que se hayan acercado al hotel, aunque tampoco sé si han criado en él o estaban de paso. 
Curiosa mosca serpiente, orden Raphidioptera, con su peculiar tórax hacia delante, como un largo cuello y la cabeza parecida a la de un reptil. La fotografié en los ladrillos, que ha sido los elementos menos solicitados del hotel por los "entomoturistas".

En la próxima entrada mostraré habitantes de otros hoteles de insectos que he ido conociendo en mis viajes. Espero no tardar tanto en hacerla como me ha pasado con esta.














lunes, 6 de noviembre de 2017

Aves de las Salinas de Santa Pola

El repaso a las aves de las Azores de mi anterior entrada me ha animado a agrupar otras fotos de aves acuáticas que tenía dispersas de varias visitas a las Salinas de Santa Pola, más concretamente a la zona más cercana a la Playa del Pinet, en La Marina.
La verdad es que viendo la lástima que da el entorno de Guardamar y la desembocadura del río Segura, esa zona con sus dunas y las lagunas de las salinas, son un pequeño paraíso, incluso en pleno verano, cuando no hay aves migrantes e invernantes, pero sí algunas que se reproducen allí.
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Además, es un gran acierto que la zona de salinas esté vallada y con cañizo para que las aves sean molestadas lo menos posible. Por una pasarela de madera se puede ir sobre la arena, sin pisar las dunas y con algunos observatorios desde los que se puede uno sentar, observar y fotografiar las aves con comodidad. Una buena excusa para “despistarse” mientras la familia prefiere tomar el sol en la playa. Mejor aún, he visto como han retirado las plantas de Carpobrotus edulis, esa invasora que se pudo de moda para ajardinar las zonas costeras y que resultó ser invasora y perjudicial para el ecosistema

Aparte de cigüeñuelas y avocetas soy bastante poco capaz de diferenciar las numerosas especies de limícolas que existen y por eso he ido subiendo las fotos a Bodiversidad Virtual (gracias compañeros) para que me las identifiquen. Oro tanto me ocurre con los parientes de los charranes. Así, al verlas todas juntas ya identificadas, me ha sorprendido la diversidad que he ido fotografiando a lo largo de mis ya habituales visitas y, sobre todo, que cada año veo especies diferentes.

Todas las especies se han visto en pleno verano, no me extiendo más, a continuación, en cada pie de foto indico la especie correspondiente y algún detalle de cuando las hice y algún vídeo.

La especie que más llama la atención en las salinas incluso para los no especialmente interesados en las aves son, sin duda, los flamencos, Phoenicopterus ruber.

 Canastera, Glareola pratincola

Aguja colinegra. Limosa limosa.

Andarríos grande, Tringa ochropus.
Correlimos zarapitín, Calidris ferruginea.


Cigüeñuela, Himantopus himantopus.

Avoceta, Recurvirostra avosetta.


Recomiendo ver el vídeo en pantalla completa para ver el detalle de alimentación del polluelo.
Grupo de sesteantes avocetas.

Grupo de charranes patinegros, Sterna sandvicensis, a la derecha, en primer plano, una gaviota que no he podido identificar. Tiene una anilla de PVC en la pata derecha que aparentemente tiene las letras P3V leídas de abajo a arriba

Grupo de charranes comunes, Sterna hirundo.

Colonia de cría de charranes comunes, Sterna hirundo.


Recomiendo ver el vídeo en pantalla completa 
Bonito grupo de enceladas gaviotas picofinas con sus tonos rosados y, a su lado, una pagaza piquirroja, Hydroprogne caspia.

Gaviota cabecinegra, Larus melanocephalus.

Gaviotas cabecinegras, Larus melanocephalus, en un huerto cercano recién segado, a unos pocos kilómetros hacia el interior.

Gaviotas patiamarillas, Larus michahellis, casi todas jóvenes, que acompañaban a las cabecinegras de la foto anterior.

Gaviota de Audouin, Larus audouinii.

Gaviota de Audouin, Larus audouinii.

Gaviota picofina, Chroicocephalus genei.

Garceta común, Egretta garzetta.

Garcetas comunes, Egretta garzetta, pescando sin parar.




jueves, 21 de septiembre de 2017

Aves de Terceira, Azores, y sus endemismos.

Como islas volcánicas que nunca han estado comunicadas con el continente y están muy alejadas de él, ya vimos que las Azores no tienen ni anfibios ni reptiles autóctonos. Igualmente los únicos mamíferos que han llegado por sí mismos a las islas son los murciélagos, que lo han podido hacer volando.
De la misma manera las aves pueden llegar a las islas, establecerse en ellas e incluso evolucionar hasta ser subespecies diferentes a las continentales. Otro asunto son las especies migradoras que al no estar aisladas no están afectadas por la deriva genética de las pequeñas poblaciones.
Las aves marinas utilizan las islas para descansar en sus viajes y algunas también para reproducirse, en algunos casos después de haber estado todo el resto del año en el mar abierto.

Ese es el caso de la pardela cenicienta Calonectris diomedea borealis, que es la subespecie atlántica, diferente a la del Mediterráneo. Pude observarla desde el barco que nos llevó a ver cetáceos, de otra manera hubiese sido imposible conseguir las siguientes fotos.
Pardela cenicienta, Calonectris diomedea borealis 
Más homogénea en sus poblaciones es la gaviota patiamarilla, Larus michahellis, aunque a algunos aún nos cuesta no decir argéntea. El grupo de la siguiente foto estaba en una laguna artificial de agua dulce y era evidente que estaban aprovechando el baño para limpiarse el plumaje.
Gaviota patiamarilla, Larus michahellis
En la costa el ave acuática que más veces vimos fue el charrán común, Sterna hirundo, que pescaba incansablemente pequeños peces cerca de la orilla.
       
Charrán común, Sterna hirundo 
Pasando ya a las aves terrestres, en Azores hay una subespecie propia de paloma torcaz, Columba palumbus azorica y en Terceira la pudimos observar en varios sitios, casi siempre en zonas forestales.
Paloma torcaz de azores, Columba palumbus azorica
Pero la que estaba en todas partes, desde los puertos y pueblos hasta en los acantilados, era la paloma bravía o doméstica, Columba livia, que ha sido introducida y es una verdadera invasora. El diseño más abundante es el que aparece en la foto siguiente y no el característico de las poblaciones silvestres del continente, con dos bandas alares. Pero las hay de todos los colores y diseños, como corresponde a su origen doméstico.
Paloma bravía, Columba livia
Otra subespecie endémica que pudimos ver fue la lavandera cascadeña, Motacilla cinerea patriciae. 
 Lavandera cascadeña, Motacilla cinerea patriciae
Un endemismo más, el abundante mirlo común, Turdus merula azorensis.
Mirlo de Azores, Turdus merula azorensis 
Algunas aves de las Azores están emparentadas con las de Canarias y el canario, Serinus canaria es una buena muestra de ello. Es una delicia observar a estas aves, que en mis viajes a Canarias no he conseguido ver, volando libres. No son muy diferentes en comportamiento a los verdecillos y verderones que hay en mi jardín, pero tienen ese plus de ser una especie que no tenemos en la Península. Lamentablemente son muy asustadizos y no he podido hacerles una foto a gusto en el poco tiempo disponible en el viaje.  
 Canario, Serinus canaria
Por el contrario, los pinzones son bastante "sinvergüenzas" y además de estar en todas partes, no dudan en acercarse a la gente en las zonas turísticas, donde consiguen con su belleza y simpatía alguna que otra golosina en forma de migas de pan o frutos secos. También son endémicos y se diferencian bien de los ibéricos. Su nombre: Fringilla coelebs moreletti.
 Pinzón de Azores, Fringilla coelebs moreletti
La última especie silvestre que pude fotografiar fue el estornino pinto, que también tiene su propia variedad, Sturnus vulgaris granti, en las islas. Parece que es de menor tamaño que la subespecie nominal, propia del sur de Europa. Solo conseguí hacer foto de unos juveniles menos desconfiados que se habían bañado en un arroyo y estaban tomando el sol en un murete de lava volcánica. 
Jóvenes volantones de estornino pinto, Sturnus vulgaris granti. 
Tuvimos una visión fugaz del ratonero de las Azores, Buteo buteo rothschildi, muy alto y que enseguida se metió tras los árboles y no me dio tiempo ni a sacar la cámara de la bolsa. Una pena, es un ave casi mítica, los descubridores de las islas las llamaron Azores por confundir su nombre con el de los Accipiter gentilis. También vimos fochas y ánades reales, pero a tanta distancia que no conseguí ninguna foto decente. Y, como no, gorriones, otra especie introducida que se encuentra por todas partes.

No me puedo resistir a poner fotos de estos Gallus gallus domesticus de raza portuguesa, aunque sean domésticos. Gallos, gallinas y pollos tienen un diseño que me parece de una belleza propia de animal salvaje.
Gallo, gallina y pollitos de raza portuguesa, Gallus gallus domesticus 
Y como curiosidad, también domésticas, las pintadas, que alguna vez he visto silvestres en África, y que me resultan muy graciosas y vivarachas. Numidia meleagris.
Pintada, Numidia meleagris