lunes, 8 de mayo de 2017

La primavera de las mariquitas

Una de las cosas que más me gusta de mantener casi silvestre una gran parte del jardín es que, aunque siempre haya determinadas plantas comunes y hasta invasoras, cada año surgen otras nuevas, que tienen una existencia más o menos efímera y pueden ser sustituidas por otras al año siguiente.
Posiblemente sean las diferentes semillas llegadas por azar, que encuentran un lugar donde germinar, las distintas condiciones climáticas de cada año o las dos cosas a la vez, que hacen que se favorezca a unas u otras especies en una preciosa muestra de lo que es la biodiversidad de los ecosistemas en el espacio y en el tiempo.
A partir de esas plantas surgen especies de insectos más o menos específicos, como por ejemplo pulgones, cochinillas y chinches, que se a su vez son atacados por sus correspondientes depredadores parásitos y, rizando el rizo, sus siguientes parásitos.

Pulgones invadiendo un brote de hiedra.
Lo mismo ocurre sobre plantas que siempre están en el jardín, como árboles, arbustos y enredaderas, que cada año pueden tener unos determinados insectos, sean plagas, beneficiosos o indiferentes, según las condiciones climáticas o el puro azar.
Así es como este año una de las hiedras del jardín, que apenas sobrevive la pobre en un lugar demasiado soleado para su gusto, en cuanto las temperaturas se elevaron, se cargó de numerosos pulgones en las ramas. Y así es como aparecieron decenas de larvas de mariquita, Coccinella septempunctata. 
Ya antes las había visto alguna larva y adulto de mariquitas en las plantas del jardín, pero lo de este año ha sido extraordinario. De hecho, coincidieron a la vez larvas en diferentes fases de desarrollo, pupas y mariquitas adultas.

Larva de unos 3mm.
Las larvas más pequeñas son más oscuras y se mueven con bastante rapidez entre las hojas, lo que hace que a veces sea complicado sacarles una foto sin que se pongan en el envés o, simplemente, se dejen caer al suelo como maniobra de huida.
Para hacer la foto ayuda ponerse a ello a primera hora de la mañana, cuando aún no les ha dado tiempo a calentarse y están más torpes.
Exuvia larvaria
Colgando de las ramas pude también observar alguna de las exuvias, esas pieles que quedan tras la muda, a medida que van creciendo, como quien se cambia de camisa. Antes de mudar la larva se sujeta a la hoja por el extremo de su abdomen con una sustancia pegajosa que ayuda a desprenderse de su vieja piel.

Larva a punto de fijarse para pupar.
Según he observado, las larvas más grandes se van haciendo más torpes hasta que de nuevo se fijan a la planta por el extremo final y comienzan formar la pupa que realizará la metamorfosis al adulto.  

Pupa fijada a la hiedra
Pupa junta a un ejemplar adulto.
Y así quedan, fijadas a las hojas durante varios días, supongo que más o menos tiempo según las temperaturas. Generalmente las he visto en el envés de las hojas, pero también más expuestas e incluso adheridas a la pared por donde trepa la hiedra, donde han recibido la lluvia sin que eso parezca afectarles.

Exuvia pupal
Hasta que un buen día lo que se encuentra en la planta es la exuvia de la pupa y no lejos de allí la mariquita recién emergida, aún con sus cutículas blandas y con las manchas de los élitros aún por aparecer.
Imago recién emergida de la envuelta pupal.
Poco a poco va extendiendo las alas y empiezan a distinguirse los característicos siete puntos.

Cuando las membranosas alas posteriores estén secas podrán plegarse para guardarlas bajo las endurecidas alas anteriores o élitros, que se cierran como una caja. Llegado el caso de que las hormigas defensoras de los pulgones las ataquen, las mariquitas se agarran con fuerza a la planta, metiendo las patas y antenas bien encajadas debajo de su cuerpo no dejando resquicio a las mandíbulas de las hormigas.
Y por fin, las mariquitas adultas, imagos, vuelven a andar por la hiedra y, como no, siguen con su dieta de pulgones, e iniciarán un nuevo ciclo biológico aquí o volando a nuevas plantas en su particular lucha biológica contra las plagas de pulgones.

Momento en que una mariquita adulta se está alimentando de pulgones.
Por cierto, quince días después de hacer estas fotos apenas queda algún pulgón en la hiedra,,, ¡ni mariquitas! Pero seguro que en otro rincón del jardín hay un nuevo episodio de las maravillas de la vida, para quien sepa mirar.

lunes, 30 de enero de 2017

Aves del embalse de Pedrezuela-Guadalix

Las aves invernantes y reproductoras en los embalses a pie de la Sierra son un buen aliciente para los paseos naturalistas en un momento en que, con el frío, la naturaleza parece estar detenida en los montes y dehesas serranos. Asi que, a continuación de las excursiones al embalse de Santillana, también me di, estas vacaciones navideñas, un paseo por el embalse de Pedrezuela, igualmente conocido como embalse de Guadalix y anteriormente como de "El Vellón".


Realmente Guadalix de la Sierra es el pueblo que se ve más cercano desde las aguas del embalse, independientemente de los términos municipales. Guadalix, dicho sea de paso, es el lugar donde se rodó la entrañable película "Bienvenido Mister Marshall" de Berlanga y ese hecho se homenajea en la rotonda de entrada al pueblo con una graciosa escultura. 

Historias aparte, el embalse de Guadalix tiene unas extensas orillas con poco desnivel, lo que hace que en verano parezca que sufre una gran desecación, con extensas superficies embarradas y en otoño e invierno parece que ha subido mucho el nivel.

Ante orillas tan despejadas es difícil ver a las aves de cerca y, por lo tanto, complicadas de fotografiar. Para más lío, a esas horas de la mañana sol se encuentra en un ángulo poco adecuado y por eso las fotos son prácticamente a contraluz.


 Sin embargo, como no estoy dispuesto a perder oportunidades, me dispongo a disparar la cámara, aunque las condiciones no sean las mejores y, a veces, hasta obtengo resultados bastante apetecibles. Tal es el caso de la garceta común, Egretta garzetta, que vino a posarse en la orilla y al poco volvió a salir volando.



Un poco más allá dos parejas de patos cuchara, Anas clypeata, nadaban tranquilamente y hasta se acercaron un poco a mi...
... lo que me permitió hacer "retratos" de la hembra y del macho, a no tanta distancia como al resto de las aves de ese día.

Desde luego, son fáciles de identificar con su superdesarrollado pico.
Más complicado me resultó fotografiar a los ánades silbones, Anas penelope, que creo no los había visto antes aquí, en esta zona de la Sierra. Una lástima no pillarles más de cerca, porque son preciosos.
Lo mismo me ocurrió con los ánades frisos, Anas strepera, que sí había visto más veces, sobre todo en Santillana. Es uno de los patos con menos colorido, pero a mi me encanta la filigrana grisácea de su librea, me parece de lo más elegante. La foto está hecha a demasiada distancia como para apreciarlos en lo que valen, aunque es suficiente para identificar la especie.
Por supuesto, los abundantes ánades reales, Anas platyrhynchos, también estaban presentes y, sobre todo, en las zonas de entrada de desagües, cargados de nutrienntes que no parecen tan del agrado de las otras especies. O tal vez porque los reales tienen menos problemas en acercarse a zonas con mayor presencia humana y de ahí su éxito y abundancia. En la foto el ejemplar más cercano es posiblemente una hembra de ánade silbón, de tamaño mucho menor que los reales, como puede apreciarse.
Otro tanto puede decirse de las fochas, aunque este día preferían mantenerse a distancia e incluso se alejaron ante mi presencia, dibujando bonitas estelas en la rizada superficie del agua.
Son muy desconfiadas las gaviotas sombrías, Larus fuscus y patiamarillasLarus michahelis, y no aguantan mucho en su descanso en las orillas ante el paso de los paseantes y corredores que estaban aprovechando este soleado día invernal. De hecho este pequeño grupo, que había visto desde la carretera, salió volando antes de que yo me pudiese acercar, aunque me temo que poco hubiese conseguido. Este día no he visto reidoras, que también son comunes aquí, quizás están todas en el vertedero de Colmenar Viejo.
Allá se fueron las gaviotas al islote de la lejanía, en compañía de los cormoranes grandes, Phalacrocorax carbo, y las garzas realesArdea cinerea, 
Por último, algunos pajarillos andaban por la vegetación del entorno y las propias orillas, pero sólo conseguí una foto decente de esta hembra de tarabilla europea, Saxicola rubicola, hasta las lavanderas esquivaron mi objetivo.

sábado, 21 de enero de 2017

Y empezando el año con las aves del embalse de Santillana

Y si el año terminó bien con el paseo por el embalse, no he querido renunciar a iniciar el nuevo año con el mismo lugar y protagonistas, las aves acuáticas del embalse de Manzanares el Real, aunque en esta ocasión por el lado opuesto y no con tan buena luz. Es una delicia poder disfrutar de la luz invernal, los paisajes, los reflejos y la fauna del embalse, en la misma base de la Sierra de Guadarrama, contribuyendo a su biodiversidad, aunque sea un ecosistema artificial.

En la zona más al este, cuando el nivel no es muy alto, como aún ocurre estos días, se puede ver medio sumergido un viejo puente por el que antes debía pasar el Manzanares. Le da un aspecto un poco triste al paisaje.
Nos sobrevolaba de cuando en cuando un grupo de una docena de tarros canelos, Tadorna ferruginea, que se deben estar reproduciendo en la zona porque cada vez son más abundantes. Es una especie africana y parece ser que los ejemplares que se están viendo por la Península Ibérica proceden de escapes de parques o colecciones zoológicas, pero se han adaptado muy bien a nuestro entorno.
Sin embargo, yo creo que algunos, al menos, bien pueden proceder de Andalucía o del norte de África y haber atravesado sin problemas el estrecho, como han hecho otras especies. Son una preciosidad y muy ruidosos, se les detecta de lejos por sus trompeteos.
También los vimos posados en un prado cercano al embalse, entre las vacas que rumiaban y pastaban tranquilamente. 
Y junto a los tarros canelos, pero más reacias a volar, había un par de ocas de Egipto, Alopochen aegyptiaca, otra especie no autóctona posiblemente procedente de escapes, igual que los cisnes, que ya raramente se ven en el embalse, Una pareja vivió aquí algunos años, hasta que uno de los ejemplares apareció muerto. De cuando en cuando se ven en el entorno de El Pardo.
Hace unos años vi ocas de Egipto en el Parque Kruger, en Sudáfrica. Las vi al amanecer subidas a un gran árbol, ¿un ganso subido en las ramas de los árboles? Puede verse en este enlace. Supongo que si la otra opción es dormir en un pequeño río cuajado de cocodrilos la alternativa no es mala del todo. Aquí, desde luego, no tienen esos problemas y se supone que criarán como los tarros canelos.
En la anterior entrada puse una foto de un pato que quizás fuese un híbrido de ánade real, Anas platyrhynchos y doméstico. Con esta pareja no me cabe ninguna duda.
También pude ampliar la diversidad de aves del embalse con una nueva especie, para mi, la garceta grande Egretta alba, que no había visto aquí hasta ahora. Aunque estaba muy lejos y la foto no es nada buena.
Las Gaviotas sombrías, Larus fuscus reidorasChroicocephalus ridibundus, que vimos en la entrada anterior, tienen vocación fluvial, pero también llegan aquí, acompañándolas, algunas patiamarillas, Larus michahelis, de costumbres más marítimas. Estaban muy lejos, como puede verse en la foto de paisaje del inicio del texto. En la orilla encontramos este ejemplar de sombría muerta y descarnada.
Cerca, en un deshojado árbol, recortado contra los roquedos de La Pedriza, descansaba un milano real que terminaba de comer algo que llevaba entre las patas, supuse que se había estado alimentando con los restos de la gaviota.






domingo, 1 de enero de 2017

Finalizando el año con las aves del embalse de Santillana

Para mi es ya casi una tradición aprovechar alguno de los días de vacaciones entre las fiestas navideñas para dar un paseo por las orillas del embalse de Santillana, en Manzanares el Real, para observar y, si se tercia fotografiar, las aves acuáticas. Esta vez, el pasado 30 de diciembre gocé del día soleado para repetir este rito y, aunque no fueron muchas las especies vistas, parece que quisieron colaborar conmigo y disfruté haciendo unas cuantas fotos.
Los zampullines cuellinegros, Podiceps nigricollis, eran  quizás los que más se acercaron a la orilla y pude disfrutar de su belleza, a pesar de tener el plumaje invernal, y, sobre todo, de ese precioso ojo rojo que tanto llama la atención. Un grupo de cinco ejemplares buceaban sin descanso e incluso nadaban juntos y dos de ellos hasta se sumergían a la vez, como en un improvisado ejercicio de natación sincronizada. 

Entre zambullida y zambullida su popa permanece casi hundida y con las plumas plegadas, como es característico de somormujos y zampullines, pero cuando se relajan y nadan tranquilamente esponjan sus plumas y se dejan calentar por el sol, algo rasante en estas fechas invernales.

Creo que este ejemplar me dejó bien claro que estaba viendo mis manejos con la cámara, pero eso no parece preocuparle mucho.

En zonas más abiertas y profundas eran los somormujos lavancosPodiceps cristatus, los que nadaban o buceaban. Algún ejemplar había con su plumaje totalmente invernal, sin los penachos de la cabeza que indica su nombre científico, pero estos dos empiezan a tener sus crestas y su comportamiento parece indicar que en estos días soleados tienen las hormonas algo alteradas. Aún sin llegar a hacer sus espectaculares paradas nupciales con las carreras sobre el agua en paralelo, sí que se enfrentaban y hacían movimientos de la cabeza característicos del celo. Quizás se tratase de un temprano comportamiento de reconocimiento de la pareja.




Los cormoranes grandes, Phalacrocorax carbo, también estaban inquietos, volaban de un lado a otro del embalse, se sumergían para pescar y, de cuando en cuando, se posaban en una islita rocosa para secar sus alas de espaldas al sol. 

Siempre me ha llamado la atención lo hundidos que nadan y la presteza en sumergirse...

 ... aunque para salir volando están obligados a darse una carrerita sobre las aguas, ...

... luego tienen un vuelo potente.

Hundirse tanto tiene la contrapartida de que sus plumas se empapan por lo que están obligados a "tender las alas al sol". Así, estando yo sentado en una roca de la orilla, vino uno a posarse en otra que sobresalía del agua relativamente cerca. Se le veía tranquilo, aunque algún que otro vistazo me echó, con indiferencia me daba la espalda en otras ocasiones. Parece saber que yo no tenía intención de atravesar las frías aguas que nos separaban, con costras de hielo en las orillas, después de una despejada y heladora noche. El guano en la roca nos dice que es un posadero habitual.


 No tuve tiempo de acercarme a las orillas menos profundas del embalse donde se concentran las cigüeñas blancas, Ciconia ciconia, y suelen descansar y pescar las garzas realesArdea cinerea, pero sí pude ver su majestuoso vuelo en alguna ocasión, e incluso fotografiarlo, a pesar de la distancia.



 Como siempre, las bulliciosas fochas, no paraban de ir de un lado a otro, nadaban e incluso se enfrentaban trompeteando con su voz nasal. El alborotado movimiento del agua atraía a las gaviotas en vuelo que no se querían perder el acontecimiento. Quizás por si se despistaba algo de comida, subida desde aguas más profundas, y ellas podían aprovechar el descuido en medio de la discusión.



 Las gaviotas reidorasChroicocephalus ridibundus, mis viejas conocidas de la niñez cuando vivía en Madrid, cerca del Manzanares y empezaron a verse, siempre me han parecido elegantes e incansables voladoras.
 Estando sentado en el mismo lugar donde se acercó el cormorán, también vino a verme una de ellas, quizás pensase que si el cormorán seguía ahí es que yo era de fiar.


En zonas menos profundas, más adecuadas para patos no buceadores, donde pueden alcanzar el fondo sólo con hundir medio cuerpo, se concentraban los abundantes ánades reales, Anas platyrhynchos, y los frisos, Anas strepera. Estaban demasiado alejados como para hacer buenas observaciones y fotos con mi equipo...

... aunque los reales, sí se pasearon cerca, generalmente en parejas y con su precioso colorido primaveral.

Un ejemplar solitario mostraba coloración intermedia, no sé si por estar en eclipse o por ser joven en proceso de alcanzar la coloración adulta. Incluso algún híbrido con pato doméstico he visto alguna vez.


También dos flechas verdes en fugaz persecución pasaron frente a mi rozando la superficie del agua, dos preciosos ejemplares de martín pescador, Alcedo atthis, que me fue imposible retratar.
Otras veces he mostrado las aves de este emblemático embalse serrano, y más especies, aunque mis fotos y observaciones distan mucho de ser un catálogo completo de su abundante avifauna, Pueden recordarse esas entradas aquí: