jueves, 19 de noviembre de 2009

En el Amazonas peruano

Como vengo anunciando en la columna derecha del escritorio del blog, el programa de radio "FUTURO VERDE" vuelve a emitirse. Hace un par de semanas que hablé en él sobre los homenajes a Valverde y Hoffmann. Además tuve el placer de hacerlo estando presente en la emisora, junto a mi buen amigo y maestro Miguel del Pino. Al salir de la grabación y charlar tomando un café, tocamos el tema de los peces de acuario y mi estudio sobre la situación de los pescadores en el Amazonas peruano. Así es como quedamos que este próximo sábado hablaríamos de ello en el programa.
En el año 2000 tuve ocasión de participar en un proyecto de la Agencia Española de Cooperación Internacional para estudiar la situación de la pesca de peces de acuario en los alrededores de Iquitos, región de Loreto, en Perú. Lamentablemente después de realizar las propuestas para la colaboración en la mejora y sostenibilidad de los sistemas de pesca, transporte y exportación de estos peces el proyecto quedó bloqueado, en gran parte por los acontecimientos políticos que sucedieron poco después y en parte porque acuicultura y pesca de peces de consumo en alimentación se llevaron el resto del presupuesto.
La cuestión es que a mi amigo Angel Garvía y yo, junto con otro personal de la AECI y la ONG Pronaturaleza, que trabajaba en la región, tuvimos la oportunidad de vivir unos días en la selva junto con los pescadores, conociendo su forma de vida y sus problemas.
Laguna, aquí denominada "cocha" de El Dorado donde pasamos unos
días inmersos en la selva amazónica
.
No voy a extenderme en esta entrada porque un relato mucho más completo puede leerse en el siguiente enlace: http://www.acuarioprofesional.com/articulos/Reportajes.htm
El palafito donde se alojan los pescadores en los días pesca que fue nuestro hogar.
La gran pregunta que nos hacemos los que nos preocupamos por el medio ambiente y a la vez nos gusta mantener peces en acuario es: ¿Son los sistemas de pesca actuales sostenibles? La respuesta es sí, por el momento, pero existen determinados aspectos a mejorar y esa era nuestra intención a abordar el proyecto. Pero, como ocurre cuando se conocen las cosas en su lugar de origen, lo que vimos fue unas grandes necesidades de las personas que en última instancia se dedican a la pesca por pura supervivencia. Facilitar la vida de estas personas y además controlar la extracción de peces y promocionar la cría de las especies en su propio hábitat es factible y económico.

Interior de la cabaña sobre la laguna


El sábado hablaré de ello en el programa, por si me queréis escuchar. El punto del dial es el 94.8 y el enlace de internet: http://gestionaradio.com/radio.php
Si consigo grabar la entrevista la pondré aquí, pero tengo algunos problemas para captar la señal, no prometo nada. También me gustaría poneros más fotos, pero las tengo en diapositiva y tardaré en digitalizarlas, me temo.

Edito para añadir este vídeo que en realidad incluye el audio de la entrevista con algunas de las fotos anteriores.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Póquer de frutos en el jardín

Como en una baraja francesa los palos del jardín fructifican de negro y rojo en otoño.
Por fin unos días de lluvia vienen a calmar el suelo reseco. La primera semana de noviembre unas tímidas nieves cubrieron las cumbres de Guadarrama pero casi pareció un espejismo pues los alternos días de sol y temperaturas suaves la hicieron desaparecer en pocos días.
Mínimos son los frutos de la madreselva, pero aprovechados por los pájaros, como lo muestra el excremento que quedó en la hoja.

Muy del gusto de los mirlos y estorninos, negros también, son los frutos del laurel. Luego, van dejando las semillas en cualquier rincón, especialmente los mirlos, que se mueven por los lugares más húmedos en busca de lombrices y a la vez dejan sus semillas con abono incluido, casualmente en el sitio más adecuado para su germinación. Luego tengo que ir retirando los plantones porque me invadirían todos los setos.
Ya es un viejo conocido en este blog el acebo que este año está a rebosar de frutos. No entiendo por qué no gusta a los pájaros que pasan por aquí. He hecho un experimento, he dejado frutos esparcidos por el suelo para ver si lo que les retrae son las hojas espinosas o simplemente que no tienen costumbre de comerlos.
Ya me ocurre con otros frutos del jardín, mientras que unos son devorados antes de madurar, como las nueces, otros pueden quedar en el árbol o arbusto sin que nadie les haga caso, como las almendras.
Otro frutillo rojo al que tengo especial simpatía, aunque no se prodiga demasiado en su fructificación, es el rusco (Ruscus aculeatus). Es una planta bastante desconocida en jardinería y me costó mucho encontrarla en un vivero. Lo más destacable de este arbusto es que lo que parecen hojas no lo son. Igual que ocurre en algunas plantas crasas en realidad se trata de tallos aplanados, llamados filoclados, que ejercen su función clorofílica como si fuesen verdaderas hojas. Esa característica se hace patente al ver que las flores crecen aparentemente en medio de la hoja y los frutos, en consecuencia, también. En la foto se pueden ver flores que no han llegado a fructificar y un hermoso fruto de 1,5 cm de diámetro. Esos filoclados están endurecidas y terminan en una punta espinosa. Las ramitas se pueden utilizar para adornos de flor seca en el interior de la casa. La poda de clareado le viene bien porque tiene tendencia a crecer muy espeso.No me puedo resistir a añadir un último fruto negro aunque me salga del póquer, dejadme que sea una especie de comodín en esta baraja. El olivo este año se ha beneficiado del calor y está dejando a las currucas y otras aves un plato de lo más energético para continuar su migración y resistir el invierno, ... cuando llegue.

martes, 10 de noviembre de 2009

El Monte de El Pardo, desde el tren

Todos los días laborables me toca acercarme a Madrid a trabajar y lo hago en tren de Cercanías, tanto por economía como por convencimiento de que es lo mejor que podíamos hacer todos. Es una hora de ida y otra de vuelta que aprovecho para leer, escuchar la radio y, algunas veces, echarme una siesta. ¡Qué diferencia con el stress que percibo cuando tengo que acercarme en coche! Pero además, en el recorrido hay un momento especial que es cuando el tren atraviesa el monte de El Pardo entre las estaciones de El Tejar y Pitis.

Por lo que pude verse desde el tren, El Pardo es un espacio de bosque mediterráneo donde dominan las encinas y matorrales de retama y jara, algún que otro pino piñonero destaca en el horizonte y en las zonas del río Manzanares un bosque galería con chopos, fresnos y otros árboles de ribera.

Pasar todos los días a la misma horas me hace ser muy consciente de los cambios estacionales y del fotoperiodo, especialmente al ver como los amaneceres rojos tras las siluetas de los edificios madrileños se van adelantando en el otoño, con gran tristeza por mi parte porque termino pasando por él completamente a oscuras y sin posibilidad de ver nada. Esto me ocurre en plena berrea del ciervo, con lo que tengo la sensación de que me pierdo lo más interesante. Luego viene el retraso oficial de hora y me da un poco de cancha otras dos o tres semanas hasta que se impone el invierno y tengo que esperar a la primavera para volver a disfrutar de sus amaneceres y de la fauna. A veces tengo un poco la sensación de que veo siempre el mismo trozo del mismo documental, pero siempre hay gratas sorpresas.
No hay muchos que puedan presumir de haber visto casi a diario un nido de águila imperial, a la pareja y, a veces, al pollo volantón. Pues yo, y los viajeros avispados, lo hemos disfrutado durante siete años al menos. El nido estaba en este poste que pongo en la fotografía inferior, en uno de los travesaños. Ya lleva tres temporadas sin ocuparse y esta última han terminado por caer los últimos palos que lo componían. Espero que hallan encontrado un sitio mejor, aunque yo no lo pueda ver. Es fácil de identificar el poste en concreto, porque coincide con esa especie de tubería absurda que se mantiene sobre el terreno sin ningún motivo aparente. De todas maneras, las águilas se siguen viendo de vez en cuando posadas en este o en los postes de alrededor. Muy rara vez en las encinas. O tal vez es que allí no las consigo ver al paso veloz del tren. Para los que usen el tren diré que está en el lado derecho según se viene de Madrid en dirección Villalba.

La semana pasada no fue una imperial lo que ví sino un despistado buitre leonado posado en la punta de uno de esos postes. También he visto buitre negro, pues es uno de sus lugares de cría, y en una ocasión lo ví enfrentado a las águilas en pleno vuelo.
Muchas más aves se ven desde mi medio de transporte, aunque no tan notables como las anteriormente citadas y no siempre tan fáciles de identificar.

Esa misma zona del poste, donde hay arbolado más denso, es en la que con más frecuencia se ven los ciervos.

En cambio, el lado contrario, en las cercanías del río hay zonas más abiertas, con fresnos y prados donde son más abundantes los gamos.

Los jabalíes pueden verse casi por cualquier parte, pero son más abundantes en la parte de matorral denso, casi al final del recorrido, cuando se llega a la siguiente estación: El Tejar.

He visto varios jabalíes albinos e incluso una jabalina con sus crías dos de color blanco, tres castañas y otros dos de coloración normal. Hace tiempo que no se ve ninguno, supongo que habrán sido cazados o retirados del coto.

El coto es un cazadero de la Casa Real y parece estar manejado como un gran cercado con ganadería silvestre. Pero mejor que se mantenga así que partícipe del anillo de urbanizaciones que ahoga Madrid. Las poblaciones de ungulados son evidentemente excesivas para el suelo, que se ve completamente reseco y carente del más mínimo brote de hierba desde mediados de verano. Sin embargo, también sobreviven numerosos conejos, aunque sean más fáciles de ver fuera del Coto que dentro de él, tanto junto a la estación de Pitis como en la de El Tejar y hasta al lado de las vías del tren. Supongo que porque fuera no hay ciervos, gamos ni jabalíes que les hagan la competencia.
También se ven zorros de cuando en cuando, especialmente al amanecer. Durante una temporada, hace un par de años, alguien ponía para los pájaros un montón de migas de pan en el andén de la estación de El Tejar y un raposo acudía a dar buena cuenta de ellas mirando de reojo al tren que se paraba a escasos metros de él.

Otra observación interesante que puedo hacer, gracias al termómetro que lleva el tren (cuando funciona), es el fenómeno de inversión térmica en el valle del Manzanares. Desde la altitud de la Sierra a la que tomo el tren hasta las estaciones cercanas a El Pardo veo como el termómetro sube entre tres y cinco grados, pero al bajar al valle en pleno invierno y con tiempo estable, vemos los campos y encinas escarchados y la temperatura descender bruscamente en unos pocos kilómetros y al lado mismo de la capital. Se da la paradoja de que con 4oo metros menos de altitud, la temperatura sea la misma que en la base de la Sierra del Guadarrama.


Nota: Las fotos de gamos y el jabalí están hechas en Doñana y la de los ciervos en el Parque Faunístico de los Pirineos "Lacuniacha" en Piedrafita de Jaca (Huesca).
¡Ojalá tuviese tan buena visión de los animales desde el tren!

lunes, 2 de noviembre de 2009

La chicharra montañera

Hace unos años, exactamente el 3 de octubre del 2004, en una excursión por la zona denominada La Barranca, en la Sierra de Guadarrama, observamos numerosas chicharras activas.Nos llamó la atención porque ya eran días frescos. Pero más nos sorprendió que algunas hembras estuviesen poniendo huevos ¿Donde? ¡En medio del asfalto! Era impresionante ver a estos ortópteros con su largo ovopositor intentando clavarlo entre las grietas del asfalto de una pista degradada que hay en la zona. No me pude explicar el asunto más que como una torpeza de los animales tanto por la dificultad por perforar tan duro suelo como por pararse en el medio del camino donde podían ser pisados o comidos por pájaros.

El asunto no daba más de sí, pero se me quedó en la memoria...
Ahora, en fechas parecidas, el 20 de septiembre de este año, hicimos una escapada con Barbadillo y esposa hasta los Siete Picos, también en la Sierra del Guadarrama. Un día similar, soleado pero fresco, y de nuevo nos encontramos con las mismas protagonistas.
Algunas chicharras se veían en las rocas cercanas a las cimas entre los siete picos. Y allí estaba de nuevo una de ellas, intentando poner huevos allí donde el suelo es más duro, donde solo una tenue capa de musgo, ahora reseco, cubría la pura roca granítica.
Esta chicharra pertenece a la especie Steropleurus stalii. Es un pariente de los saltamontes y langostas, es decir, un ortóptero, pero más cercano a los grillos, los Tetigónidos . Se diferencia este grupo por las largas antenas, los hay verdes y también pardos y negruzcos. En su alimentación, además de las hierbas, tienen una tendencia a comerse a otros insectos y son especialmente carroñeros.
Volviendo al tema de la puesta, no se trata de una torpeza animal, nunca suele serlo, evidentemente es un carácter de su biología. Al parecer estos animales ponen sus huevos en grietas y zonas muy expuestas sobre material muy duro, como lo era el asfalto y como lo es la superficie rocosa. Así es posible que pasen el invierno, soportando viento, frío y sol, cubiertos por nieves y hielos hasta que eclosionen en primavera..
Aunque hay especies próximas repartidas por toda la península, incluso al nivel del mar, ésta concretamente es propia de montaña, muy interesante desde el punto de vista taxonómico y biogeográfico. Igual que ocurre con otros animales y plantas con distribución restringida a las grandes altitudes. Ese mismo día vimos dos típicas especies montanas: los restos ya resecos de gencianas amarillas (Gentiana lutea) y lagartijas carpetanas (Iberolacerta cyreni) que tomaban el sol, dos especies con los mismos requerimientos ecológicos que acompañan a los montañeros en sus excursiones.

Para los más despistados señalaré que esta lagartija carpetana es la que antes conocíamos como lagartija serrana, Lacerta monticola, que ahora se ha dividido en varias especies distintas, habitantes de diferentes macizos montañosos, y se han agrupado en el género Iberolacerta.

Nota: No solo la lagartija ha cambiado de nombre, también la chicharra de montaña que ahora se denomina actualmente Lluciapomaresius stalli.